martes, 27 de octubre de 2009

Recorriendo Rabat en Marruecos


Rabat es otra de las ciudades de Maruecos que nos sorprende en el viaje.

La Muralla que rodea a la Medina tiene 5 km. de largo, la llaman “Muralla de los Andaluces o de los moriscos”. Fue edifica por estos en el siglo XVII, después de abandonar España. En este lugar los sultanes en el siglo XIX hacían colgar la cabeza de los rebeldes. Recostados en ella, sentados cómodos en un bar con sombrillas tomamos un par de gaseosas y disfrutamos de la vista y la historia que se nos abre a nuestros ojos..
La Medina es alucinante: nos impactan los negocios de joyas; la vista de las enormes joyas hiper trabajadas con muchas esmeraldas, hiere los ojos: hay por ejempo, cintos enormes realizados en estos materiales, puestos en las vidrieras como si se tratara de chafalonería.
Marcelo decide degustar en un puesto de los tantos que se nos presentan en la Medina, muy aseado, la comida típica marroquí, una especie de hamburguesa pero claro, más condimentado que se pone alrededor de unos pinchos a fin de que sea cómodo comer con la mano, se los pone sobre el fuego y luego de sacarlos, se les agrega una salsa picante dentro de dos panes. Con la carne picada cruda, en los puestos de ventas arman una especie de montañita muy atractiva. Quien nos atiende es de raza negra.
Las paredes de la Medina impactan por su trabajo artesanal. La gente del lugar se corre cada vez que vamos a sacar una foto, y nosotros que justamente pretendemos que ellos salgan para nuestro recuerdo futuro. Recordemos que las mujeres solteras no se tapan la cara, sí las casadas.
Compramos una pipa larga, muy larga que se usa para fumar hachís, principalmente. Y un monedero de cuero de camello, trabajado y pintado artesanalmente.

Un capítulo aparte merece el Palacio Real, Este es completamente blanco y de enormes dimensiones, moderno, con muchas palmeras implantadas a su alrededor, pero en materia edilicia lo que más nos ha impresionado en este viaje a Marruecos es el Mausoleo de Mohamed V, que se encuentra cercano a el: madera, mármol esculpido, bronce son los materiales predominante. Todo de un gran refinamiento. Imponderable su interior. Los guardias visten traje rojo con capa larga blanca y gorro verde azul o rojo, algunos montan a caballo. La puerta de entrada es de bronce completamente trabajado, al igual que el techo, pero este es de oro, Fueron traídos de Fes. La gente del local se encuentra rezando alrededor de la tumba de mármol.
Detrás del Mausoleo aparece la torre de Hassan (hermana de la Koutoubia de Marrakech y la Giralda de Sevilla). En 1715 un terremoto destruyó parte de la torre y de la mezquita, de la que quedan en pié 312 columnas y 42 pilares de mármol, que es todo un paisaje en sí mismo. Al lado del Mausoleo y formando parte de él recorremos otros edificios, todos trabajadísimos y de un gusto exquisito,¡qué trabajo!.
Al lado del mausoleo de Mohamed V, padre del rey que reinaba en el momento que visitamos Rabat, encontramos la mezquita : también increíble: trabajada en cedro, metales y
cerámicas, entre otros materiales.
En todos los edificios marroquíes se repite la característica de trabajar el yeso escribiendo diversas frases en su idioma. En el Mausoleo esto se repite pero en mármol, no en yeso.
Posamos con casi todos los guardias que encontramos. Nos atrae su vestimenta. Todos son muy corteses y simpáticos. No tienen problemas, a diferencia de la mayoría del pueblo marroquí. Dos de ellos con traje negro, camisa blanca y estricta corbata negra, más gorro rojo nos sacan a Marcelo, a mí y a nuestros tres amigos argentinos literalmente corriendo del Mausoleo. Terminaos charlando muy bien con ellos, incluso posan con nosotros para una foto.
Sería buenísimo volver a Rabat algún día.

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