viernes, 4 de abril de 2008

la soja no es un yuyo

La transformación de las tribus nómades en pueblos sedentarios originó un cambio gigantesco en la naturaleza humana y ha contribuido al modelado de la sociedad que hoy conocemos. El pilar fundamental de estas sociedades fue la agricultura, hace unos 11.000 años: tales los casos paradigmáticos de sumerios y acadios en la media luna de las tierras fértiles en los que hoy es Irak-Irán, como así también en China y posteriormente, en América.



En el caso de las malezas, la selección ha “direccionado” el curso de la evolución mediante la preservación de los genomas y/o atributos mas adaptados para competir y prosperar en diversos ambientes. La definición propuesta en 1969 por Baker califica a una maleza como “Una planta que en un área geográfica específica, sobre todo en ambientes perturbados por la acción antrópica, exhibe poblaciones que crecen sin haberse sembrado.”



Al revés, en el caso de las especies cultivadas, los procesos de selección iniciados desde los albores de la agricultura, han tendido a lograr uniformidad fenotípica y a maximizar la proporción de biomasa asignada a las semillas, entre otros caracteres. En este largo camino, las especies cultivadas han “perdido” atributos que no eran útiles a los fines del hombre y sus sistemas de producción agropecuarios. Por lo tanto, difícilmente una especie cultivada podría sobrevivir sin los aportes tanto de tecnología de procesos como de insumos que caracterizan a los agroecosistemas de la actualidad.



La soja (Glycine max.l. Merr), como la mayoría de las plantas cultivadas, es muy probablemente derivada de un antecesor silvestre de tallos delgados y de hábito postrado que crece en todo el sudeste asiático (Glycine ussuriensis Regel& Maack), aunque también es posible que Glycine tomentosa Benth y Glycine gracilis hayan contribuido al genoma de la soja que hoy conocemos.



La soja ha sido una fuente importante de alimentación en su área de origen, tanto en China (Manchuria), como en Corea y Japón desde tiempos remotos. Fue introducida en Europa en el Jardín Botánico de París en 1740 y en el Royal Botanical Gardens (Kew) en 1790, aunque su interés para cultivarla sólo apareció en el siglo pasado, especialmente en EE.UU a partir de 1942, como consecuencia del requerimiento de grasas y aceites comestibles durante la segunda guerra mundial.



Un cultivar de soja exhibe en la actualidad una formidable acumulación de características biológicas y ecofisiológicas tanto en los aspectos relacionados con su crecimiento y desarrollo como en los vinculados con los atributos de sus semillas, con alto contenido de aceites y proteínas de alta calidad, entre otros. Este resultado es la consecuencia de muchos años de selección y mejoramiento genético tradicional, potenciado en las últimas décadas por los gigantescos avances de la biotecnología.



Si bien se pueden plantear sistemas autosostenibles y de bajos insumos en determinados sitios del planeta y en condiciones muy particulares, las plantas silvestres, vulgarmente llamadas “malezas” o “yuyos” no podrían ofrecer alimentos en la cantidad y con la calidad que hoy la humanidad necesita sin el aporte del mejoramiento genético, las tecnologías y el manejo de procesos de ecosistemas en gran escala. Por lo tanto resulta poco feliz comparar a la soja actual con un “yuyo”, que es además el responsable de la más formidable revolución tecnológica que ha visto el país desde sus orígenes.



Autor: Dr. Eduardo S. Leguizamón. Profesor Titular. Dpto de Sistemas de Producción Vegetal-Malezas. Facultad de Ciencias Agrarias. Universidad Nacional de Rosario. Investigador del CONICET. Integrante Subcomisión Protección de Cultivo ACSOJA.

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